domingo, 28 de agosto de 2016

Ignacio entiende que, si de un golpe abollara una parte de su cuerpo, no le saldrían las entrañas como pasta de dientes por la nariz. No puede quitarse esa idea de la cabeza mientras se prepara un pan con queso. Está seguro que le va a pasar. Entiende que así no funciona el cuerpo humano. Siente vergüenza de imaginar que le pase en público. Siente vergüenza por considerarlo como una posibilidad. Se mueve con cuidado por la cocina.

En la refri hay verduras viejas que su compañero de cuarto compra y luego bota. Ignacio las ve marchitarse hasta que desaparecen, luego las vuelve a encontrar en la basura. Hay pizza y cerveza, también de su compañero de cuarto. Ignacio revolea los ojos y gruñe con desdén adolescente. Ugh. Trillado, piensa. En su cabeza pronuncia un discurso sobre los peligros de las comedias americanas, el imperialismo y la unidad de la izquierda latinoamericana imitando la voz de Allende. Corta el discurso. Hay queso que es de él. Blanco, pasteurizado, cubierto con plástico de embalaje sobre una bandeja de tecnopor. Soportando pequeño todo el desastre. El abandono, las desapariciones, el imperialismo.

El pan es integral. Ignacio lo imagina sobre sus sábanas. No tiene sentido. Se concentra mucho para no pensar en nada más.

Termina de prepararse el pan con queso y mientras mastica el primer bocado escucha entrar a su compañero de cuarto. Ha venido con dos amigas, los tres ríen. En silencio desde la cocina los escucha instalarse en la sala. No dejan de reírse. En este momento es incapaz de empatizar con ese nivel de alegría en la gente. Se ha quedado inmóvil, se ha olvidado de su pan. No sabe cuánto tiempo ha pasado. Mueve la lengua y se da cuenta del bocado de pan que continua en su boca. Lo termina de masticar despacio y traga pensando que quizá afuera escucharon el pan atravesar su garganta. Se queda ahí. Cree que ha pasado mucho tiempo sin moverse ni hacer ruidos. Sería raro salir ahora. Evalúa si salir o quedarse en la cocina en silencio hasta la madrugada.

Se decide a salir. Con el pan en la mano. Encuentra a dos chicas vestidas de negro sentadas en la sala. Ignacio las saluda con una sonrisa y regresa a su computadora en la mesa de al lado. Siente que lo están mirando, al sentarse hace un movimiento raro y golpea el lente de sus anteojos con el pan con queso que lleva en la mano. Se siente torpe. Nervioso. Pierde el control de sus movimientos. Siente que esto le ha pasado mil veces. De nuevo lo mismo. Se siente frustrado.

Levanta la mirada y se fija que nadie lo estaba viendo. Se siente patético. Continúa navegando la internet sin preocuparse de limpiar la mancha de queso en sus lentes. Continúa, esperando que finalmente llegue el día en que nuestras conciencias se muden a la internet. Interactuando infinitas. Espera sentado el día en que seamos libres.

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