lunes, 22 de agosto de 2016

Ignacio se mantiene concentrado trabajando en la computadora. Aunque ha trabajado toda la mañana sin distraerse, siente que no ha avanzado nada. Intenta recordar lo que ha hecho durante la mañana y no encuentra respuesta. Si alguna de sus jefas le pregunta lo que ha hecho probablemente tenga que mentir. Se siente confundido porque no recuerda haberse distraído. Siente frustración. Decide no pensar más. Siente que su cerebro no funciona correctamente. Continúa concentrado trabajando en la computadora.

Observa el reloj y faltan doce minutos para el almuerzo. Observa el reloj y es la hora exacta del almuerzo. Observa el reloj y son cuatro minutos pasada la hora del almuerzo. Ordena su escritorio y baja al comedor. En el camino se siente parte de toda la humanidad. Se siente parte de todas las personas que habitaron el planeta antes que él. Todas sintiendo, pensando y buscando lo mismo. No puede creer que se establezca una hora y duración para almorzar. Se siente tremendamente oprimido y no puede creer que esta sea su vida. Sente muchas ganas de regresar a su cama. No puede creer que tenga que reprimir ese deseo.

En el comedor están todos. Pone a calentar su almuerzo y se sienta en la única mesa vacía. Saca su celular, no tiene ninguna notificación. Actualiza tuiter.

- estoy pensando en las oreos que están en la cocina
- me acabo de acordar que estoy lleno de sangre por dentro y se me puso la piel de gallina
- me faltan ojos para ver todo el mar

Los marca como favoritos sin perder su expresión neutral. Guarda su celular y se levanta a recoger su almuerzo.

En el televisor del comedor pasan las noticias. Sus compañeros conversan.
Ignacio se siente pesado, siente que pierde el conocimiento, cae sobre su almuerzo y duerme por catorce años.

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